puesto que el sol ha muerto.
Sin sol no hay amor,
y sin amor no hay luna,
y sin luna, sus hijas, las estrellas
morirán poco a poco,
una por una, con cada atardecer.
Y sin sol, sin luna y sin estrellas,
nada alumbrará la vieja ciudad mas
que las opacas luces, de las casas,
que se extinguen al amanecer.
Pero ya no habrá amanecer.
¡No aquí!
¡Ah! Esa ciudad.
Tan llena de ignorancia, superstición.
Tan falta de fe, esperanza y asombro.
¿Por qué?
¿Por qué se le permite al poeta
vivir en este infierno,
donde las mentes y las almas
están congeladas?
¿Por qué la humanidad permite
que se extinga el tibio fuego
del amor y el futuro?
¿Por qué ya no son capaces
de soplar para avivar la esperanza
que se está pudriendo en un charco
en medio del desierto?